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Viajar con el corazón

Antes de iniciar tu aventura, te volverás loco queriendo planearlo todo: qué me llevo de ropa, medicinas, seguros, dónde duermo, cuántos días me quedo en cada sitio, qué países voy a visitar, cómo conozco a gente, qué transporte utilizo…

Relax! Todo sobre la marcha.. El mejor plan que podéis tener es no tener plan. ¿Por qué? Porque el viaje en sí, es una aventura constante en el que cada día conoceréis cosas nuevas y os irán surgiendo nuevos planes e inquietudes sobre la marcha.

Tal vez tenías claro que queríais ir a un sitio, pero de golpe conocéis a alguien que os dice que mejor que vayáis a otro… Y cambiáis de opinión. Pum! La magia del viaje, seguid los consejos de los demás viajeros, seguid viajando con las personas que conozcáis si tenéis conexión, no pasa nada por cambiar la ruta, os daréis cuenta que lo más importante no será lo que veis, sino lo que sentís cuando estáis viendo, y generalmente se siente más con personas fantásticas que seguro que conoceréis.

Así que viajad ligeros de mente (y de carga si puede ser), confiad en las personas, seguid las señales, súper importante, ellas os irán guiando y sentiréis lo que tenéis que hacer en cada momento. No tengáis miedo de dejar de ver algo, algo bueno os espera en la opción que no contemplábais.

Hablad con locales, dejaros que os enseñen sus mundos distintos y enseñadles vosotros también todo lo que podáis, intercambiar culturas es mágico, ahí os daréis cuenta que nadie es mejor que nadie, sino que lo bonito es que todos somos diferentes.

Enamoraros por el camino. Enamoraros de las culturas, de las religiones, que aunque no las compartáis seguro que de alguna manera os enriquecen. Enamorados de las personas que encontréis, de los amigos que hagáis, de los paisajes. Tened historietas de amor, se viven intensas y quedan grabadas en el corazón. Llorad de tristeza cuando echéis de menos a vuestras familias, pero haced que cada día que estéis fuera valga la pena, que se sientan orgullosos de vosotros, de vuestra valentía. Llorad de alegría, de ver paisajes que os emocionen, de estar en sitios donde nunca pensasteis ir, por sentiros afortunados de donde estáis.

Estad agradecidos todos los días, no todo el mundo puede salir de su país, no todo el mundo se atreve, tenéis que ser conscientes de lo que vais a vivir y coger cada día como un regalo. Veréis por el camino a mucha gente que no tiene nada pero son súper felices, aprended de ellos e intentad no olvidar esas lecciones al volver al mundo más occidental.

No juzguéis, somos lo que somos por como nos hemos criado y por lo que nos han enseñado, por nuestra cultura. No penséis que alguien está loco o es desgraciado por tener unas creencias totalmente diferentes a las vuestras, ellos pueden pensar lo mismo de vosotros. Lo que es normal para ti, puede no serlo para los demás.

Dejad que el viento de la libertad os lleve. Probad todas las comidas y bebidas típicas, no tengáis miedo a probad cosas, si no probáis nunca sabréis, y no tengáis miedo, lo que tenga que ser será y ya os apañaréis cuando las cosas pasen, lo malo viene de golpe, no tiene sentido anticiparse a nada. Bañaros desnudos en la playa, aprended a bailar danzas típicas de otros lugares, vestiros con las ropas típicas de cada país, pasad noches enteras socializando con mochileros hablando de la vida y bebiendo cervezas, subid las montañas más altas, aunque sea duro merecerá la pena llegar a la cima.

No dejéis de hacer cosas por miedo a mojaros, a ensuciaros o a enfermaros. Si vais con la moto y llueve: «sólo es agua», si hacéis una caminata y os llenáis de barro «ya os ducharéis». Acostumbraros a vivir con menos y a ser igual de felices.

Y sobre todo, cuidad a todos aquellos compañeros de viaje que tengáis, ellos serán vuestra familia durante la aventura, y la aventura nunca será un destino final, siempre será el trayecto que hagáis juntos. Acordaros de siempre tratad a los demás como os gustaría que os tratarán, abrid vuestro corazón y expresar vuestros sentimientos; si alguien es increible y os inspira mucho: «decídselo», ¿cómo va a saberlo sino?

No os preocupéis si no habláis bien inglés o sino podéis comunicaros en un país. El lenguaje de la sonrisa es el único que debéis saber, nadie os tratará mal si os mostráis humildes y dais lo mejor de vosotros. Ayudad siempre que podáis, algún día seréis vosotros los que necesitaréis ayuda, así que haced todo de corazón, y así, el viaje nunca irá mal.

Habrán momentos duros y de tristeza también, pero cogedlos con los brazos abiertos, puesto que todos esos obstáculos formarán parte de vuestro camino y vuestro viaje, no podríamos apreciar las cosas buenas si no hubieran malas. No tengáis vergüenza, con eso no se va a ningún sitio, ni tengáis miedo a equivocaros en las decisiones que toméis, si os equivocáis (que seguro que lo haréis) será porque tenéis que aprender, y todo aprendizaje será crecimiento.

Y volad… Volad muy alto, porque sólo vivís cada día de vuestra vida una vez. Así, cuando miréis atrás, podréis tener una gran sonrisa por todo lo que vivistéis, que los recuerdos sigan presentes cada día y no olvidéis nunca lo que sois, el camino sacará a la luz un nuevo «yo» que no conocíais, más valiente, maduro y mejor persona.

Suerte en la aventura!

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