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Juana de España

Estoy haciendo una ruta de 1500km en bici por Taiwan. Reservo un «hostel» en Hsinchu, que en realidad es la casa de una señora chinita que vive sola en ese pueblo y busca compañía de viajeros. Me abre la puerta y se introduce, apenas habla inglés la pobre. Me dice «me llamo Juana», y le digo: «ah sí, Juana es un nombre español, qué gracia». Y veo que los ojos le empiezan a brillar, creo que se cree que me llamo como ella pero no lo tengo claro, me dice: «¿Juana? ¿Juana en España?» Y como no la entiendo y estoy cansadísima, pues le digo que sí a todo.

Y veo que empieza a reirse y se nota que es una de las mejores cosas que le han pasado en los últimos años. Y me vuelve a repetir: ¿»entonces te llamas Juana y eres católica»? Y ya no podía volver atrás en ese punto, le digo que sí por seguirle el rollo y la hago feliz a la pobre.

Me voy a duchar y veo que empieza a enviar audios a sus amigas, y lo único que entiendo es «Juana», «Juana» y muchas risas. Digo «Lo está flipando, para ellas somos almas gemelas o soy una señal de Diós o algo así». Salgo de la ducha y como ella cree que soy religiosa, me empieza a enseñar todas las estatuas que tiene de Jesus Cristo, la virgen maría, los apóstoles y Maria magdalena. Vamos, que después de 100km en bici lo que menos me apetece es ver el museo teológico de la Juani.

Viene otros chico al hostel, y me dice: ¿cómo te llamas? Y empiezo a decirle «Shei…» y pienso (mierda no) y le suelto «Juana de España, encantada de conocerte»).

Juana de España

Me invita a cenar pero le digo que estoy cansada, veo que se enfada un pelín pero oye, que estoy pagando por estar en su casa y voy que me arrastro de cansancio. Juana me despierta por la mañana, se acerca a mi cama con un vestido de china súper sexy y me dice: «Buenos días Juana uno, te traigo el desayuno a la cama«. Y le digo: «Buenos días Juana dos, muchas gracias«.

Y yo que estaba muerta de hambre, le voy a pegar un bocado a la tostada y me para y me dice: «No, Juana, no». Y me quedo toda pillada y le digo: ¿No qué, si me lo has traido a la cama es para que me lo coma, no?». Y me dice: «Tenemos que bendecir la comida, mujer, así no». Coño, es verdad, se me olvidaba. Y nos ponemos las dos alrededor de la mesa a hacer las plegarias. Ella las hace en chino, y yo pues me las invento porque no tengo ni zorra de bendecir la comida, pero parece que cuela.

Y cuando acabamos de desayunar, ella toda elegante con su vestido de china rojo, me trae un collar de regalo (y ella tiene el mismo) y me hace ponérmelo, almas gemelas oficiales. Y me trae un papel y me pide que por favor le escriba algo para que nunca nos olvidemos la una de la otra,  le hago un mural con toda mi creatividad.

Así que le doy un abrazo, le doy las gracias mil veces, cojo la bici y me voy. Me empiezo a reir yo sola y pienso:  «si la pobre se entera que me llamo Sheila la mato».

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