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Vietnam en moto

Vietnam es un país increible. De mis favoritos seguramente.

Cuando llegué al país todo el mundo me hablaba de la opción de comprarme una moto para viajar. Yo pensé que sería complicado encontrar algo barato/decente, pero conocí a un alemán muy majete que me dijo que él lo estaba haciendo y que además le gustaría viajar con alguien pero en plan «salvaje», o sea, en vez de dormir en hostales, hacerlo en la calle/selva durmiendo en hamacas.

Así que en «Hoi an» me compré una motillo semiautomática por unos 100euros. Yo la verdad, ni sabía como llevar una moto con marchas, pero el vietnamita que me la vendió me dijo más o menos cómo usar los frenos y el pedal para cambiar las marchas y ya me tiré a la aventura…»mientras sepa cómo frenar, voy bien, pensé«.

Mi Honda Wave

Así que para ser buenos discípulos de Fran de la Jungla, nos compramos hamacas de esas con cremalleras que se pueden colgar entre dos árboles y  evita que los mosquitos entren. El alemán y yo nos montamos toda una película, pensábamos que íbamos a cazar y a hacer fuego en la montaña y a conseguir agua de la nada y todos esos recursos q uno se cree que tiene si ves los programas americanos de supervivientes. Pero no, la verdad sea dicha, éramos catetillos.

Preparamos nuestras mochilas y emprendimos el viaje sedientos de aventuras. A 30 minutos en moto del hostel, tuvimos la primera sorpresa: «crac crac, la moto del alemán se rompió en un pueblecito en medio de la nada«. La llevamos a un mecánico y nos dijo que no la podrían arreglar hasta el día siguiente, así que nos tocaba quedarnos cerca y desplazarnos con mi motillo, con lo que buscamos en el mapa una montaña para poner las hamacas y dormir antes de que oscureciera.

Cuando llegamos a la montaña, los dos novatos no conseguíamos ni encontrar dos árboles suficientemente juntos para colgar las hamacas, y nosotros que queríamos cazar y eso, vaya motivados!  De golpe, ahí en el medio de la montaña, apareció un vietnamita que nos saludó y nos hizo señas para seguirlo. Una vez más, es de aquellos momentos en los que pensé, ¿deberíamos seguirle el rollo a ese desconocido en medio de la nada haciéndonos señas? Esta vez la historia no huele a violacion, huele más a asesinato, jaja, y lo sabes. ¿No es un poco como «Hansel y Gretel»? Y como siempre la respuesta fue un sí, vamos a confiar y a la aventura!

Seguimos al pequeño vientamita hasta un refugio que tenía en la montaña. Resulta que él y sus tres compis eran apicultores y tenian allí el campamento de avispas establecido por unas semanas. Y sí, si algo me da pánico, son las avispas. Que tontería en realidad, pues si te pica te pica, pero es que me da mucho mal rollo el ruido que hacen y eso. Iugs.

Los apicultores amigos

Empezamos a hablar con apicultores (básicamente por señas y el traductor de google) y nos invitaron a alcohol vietnamita, q es como un chupito transparente que sube mogollón y se lo beben como agua. Fumamos pitis con ellos (no les gustó mucho que yo lo hiciera, puesto que ademas tenía el pelo muy corto, o sea poco femenino para ellos), hasta aquí hemos llegado, ¿una tiene que estar guapa hasta en la selva o qué?

Se portaron genial, cocinaron para nosotros y dijeron: ¿Queréis una ducha? «Hellooo, estamos en el medio de la selva, ¿qué ducha tronco?» Nos llevaron a unas cascadas donde tenían como una caseta de madera medio podrida con una manguera a cada lado y dijeron: «Ok, ducharos aquí que os dejamos intimidad». Y acabamos ahí, sin ver absolutamente nada menos el cielo estrellado y precioso, el alemán en pelotas duchándose por un lado y yo por el otro a manguerazo limpio. Y sólo pensaba «vaya ratas y serpientes tienen que haber por aquí, yo que nunca me ducho sin chanclas en el gimnasio que me da asco, y mírame, con el chichi al aire en la jungla».

Volvimos al campamento y nos ayudaron a colgar las hamacas en los árboles porque ninguno de los dos las sabía poner bien, eso sí, las hamacas encima de las cajas de avispas… Y pensé: «de lujo vamos, como me balancee mucho y me caiga de aquí mi culo va directo a la caja de las avispas».

Cajas abejas

Como todos seguíamos bebiendo, el hecho de no hablar el mismo idiom no era un impedimento, puesto que íbamos todos medio doblados riéndonos por tonterías, que de verdad que el chupito ese que toman es peor que tequila doble!

Al cabo de un rato, un amigo viejito de ellos se incorpó al grupo (vino con su motillo), era otro apicultor de la selva, y el amiguito intentó flirtear conmigo, y yo soy muy amigable y voy bastante salida, pero que los vietnamitas sesentañeros tampoco son mi tipo. El viejito se sintió rechazado.

Así que después de un rato el alemán y yo nos fuimos a explorar un poco la zona con linternas en plan aventurilla y dobladísimos, y cuando volvimos a la hamaca y fui a buscar mi móvil… Voilá, mi mochila había desaparecido. ¿Y qué llevaba allí? Absolutamente todo! Móvil, DNI, pasaporte, tarjetas de crédito… Vamos, mi vida entera.

Pensé, ¿cómo pueden tratrarnos tan bien y luego robarme todo? Me puse histérica y empecé a gritar a todo cristo. Los vietnamitas se quedaron flipados porque no sabían por qué yo estaba tan enfadada, no entendían porque no hablaban inglés… El alemán intentó traducir y explicarles que alguien me había robado, y lógicamente el viejito cachondo tenía todos los números porque él no era de nuestro campamento.

Me fui a dormir, rendida, y pensé: «ahora ya tengo que volver a casa, esto es una señal, ríndete Sheilita«. Y me metí en la hamaca y empecé a llorar. Llovía, me mojé, lloraba, era horrible, el fin de mi viaje.

Unas horas después, uno de los vientamitas amigos me abre la cremallera de la hamaca, y me dice: «toma», y me devuelve mi mochila… Totalmente intacta, con todo dentro, no me robó ni un euro!! El pobrecito se disculpó diciendo que había sido el viejito que le había entrado un berrinche. Joder tio… Que si a mí un pavo me rechaza pues me rallo y lo bloqueo del facebook, pero no le robo hostia!!

Abracé al vietnamita que me había devuelto «la vida» prácticamente, o «la continuidad de mi viaje», y le di las gracias 1 millón de veces. Fue una locura de noche… Empezamos el viaje salvaje, dormimos con apicultores reales, lo pierdo todo y lo vuelvo a recuperar. Subidón!

No perdí la fe… Una vez más tuve suerte, pero seguí confiando en las personas que conocía en el viaje, nunca sabes quién te puede sorprender… Para bien y para mal.

El resto del viaje en moto fue increible, dormimos en sitios preciosos y nunca nos faltó aventura. Mi moto quebró en como 4 lugares en medio de la montaña (y siempre de noche jajaj)  y siempre encontramos a gente que vivía en chabolitas en el medio de la nada que nos dejaban dormir en su porche y nos daban comida y una ducha caliente… Aún sin entenderlos, aún siendo pobres pero súper felices,  nos dieron todo.

Durmiendo en hamacas

Durmiendo en hamacas

Me gustaría ver si nosotros dejaríamos dormir en nuestras casas a unos moteros que han tenido una avería y no tienen como seguir su camino. Lloré, de felicidad, de subidón, de sentirme afortunada por conocer a esas maravillosas personas que siempre nos ayudaron sin nada a cambio.

No hace falta comunicarse con palabras para entender el lenguaje del ser humano y del corazón, amo Vietnam!!

Familia Vietnamita

*Más información sobre VIETNAM

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